Por Blanca Muela

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Para lo bueno y para lo malo

El dinero no da la felicidad, pero no tenerlo tampoco, y si nos ponemos a escoger, no sé tú, pero yo me quedo con ganarlo.

Uno de los temazos a tener en cuenta a la hora de emprender es cómo gestionamos nuestra relación con el dinero

Hace unos meses le hice una entrevista a David Lanzas, director del instituto Lanzas y psicólogo sanitario que puedes escuchar en mi podcast: «El dinero» que te recomiendo muy fuertemente.

Explicó que nuestra relación con el dinero debería ser la misma que tenemos con nuestra pareja: sana, de unión para ser mejores y complementarnos; nunca de celos o maltrato.

¿Por qué? 

Porque el dinero no lo es todo en esta vida, pero es lo suficientemente fundamental como para influir en todo lo que de verdad importa: en la salud, en las relaciones, en nuestra educación e, incluso, en nuestra autoimagen.

Si el tema financiero no te va bien, lo realmente importante en tu vida se tambalea.

Te explota la cabeza, lo sé, pero déjame que te cuente de qué va toda esta movida.

Como explica David, estamos programados para unir el concepto de dinero con sufrimiento.

Nos dice que ya cuando se colonizó América, se torturaba y mataba a los nativos a cambio del oro. 

En las películas estamos hartos de ver cómo las personas con una gran suma de dinero suelen ser las que hacen cosas poco éticas: narcotráfico, el cliché del empresario con pasta que abusa de los trabajadores, el despotismo de los ricos sobre los indefensos sin recursos, etc.).

Pero, ¿es todo culpa de Hollywood y de los colonizadores?

No, tronqui. 

Ni del cha-cha-cha, por si te lo preguntabas.

Toda esta mala relación con el dinero nos viene aprehendida de mucho antes.

El dinero en la infancia

¿Cuántas veces has oído eso de «cuando toques dinero, lávate las manos»? Te faltan dedos para contarlas. Es posible que lo tengas tan integrado que se lo digas a tus hijos también.

Y es cierto que el dinero tiene gérmenes, pero no sabes la de porquería que acumula nuestro móvil y todo y así se lo dejamos a nuestros hijos sin preocuparnos de echarles aguarrás en las manos tras la sesión de ocio digital.

Te parecerá una tontería, pero nuestro cerebro tiene una plasticidad que es de fantasía y, a tan temprana edad, tenemos ese primer aprendizaje: el dinero es sucio.

También adquirimos otras creencias limitantes heredadas por la familia, como cuando vives en la convicción de que como los tuyos no han manejado pasta, tú tampoco podrás. 

¿Quieres que te cuente una buena? 

Érase una vez, una muchacha de flequi rosa que se dio cuenta de que no ahorraba nunca porque su padre le dejaba el parné importante cuando lo necesitaba: entrada para un piso, comprar un coche, etc. 

En una de esas sesiones de autoconocimiento que le encantaba hacer descubrió que seguía pidiendo ese dinero a su opá porque había asociado esos préstamos a muestras de amor. El lazo emocional al que estaba sometida no le permitía ahorrar ese dinero por sí misma.

Muy fuerte todo.

Creencias limitantes con el dinero

Como ya he comentado antes, puedes mantener una relación sana con tus efectivos o una tóxica.

Pero para poder escoger, primero debes trabajar en ti mismo y tener muy claras tus creencias limitantes.

Toma papel y boli, que te hago una check list para que detectes las tuyas:

  • Si gano mucho dinero, no puede ser haciendo algo que me gusta: debe ser con esfuerzo y dolor.

    Debes escoger, o amargarte en un trabajo que te provoca úlceras para ganar pastuqui o echarte a la aventura y morir pobre como una rata, aunque feliz de poder dedicarte a lo que te gusta.

    O sea, que o eres feliz, o ganas dinero.

    ¡Cuántas veces hemos oído lo de «primero busca un trabajo seguro y luego ya, si quieres [inserta aquí lo que de verdad te motiva], pues ya lo haces en tu tiempo libre»!

  • El dinero es la raíz de todos los males: léase las variantes «te convierte en alguien malo», «cuanto más tengas más valores vas a perder».

    Como si ganar plata tuviera propiedades mágicas sobre ti y, aunque seas una buena persona eso te convertirá en una mala. 

El dinero es un catalizador, multiplica lo que eres. Si eres bueno, generarás más bondad si tienes más dinero. Si eres malo, serás peor.

  • El dinero es un recurso limitado. Solemos vincularnos con el dinero como algo que deseamos pero no tenemos lo suficiente, así que tendemos a guardarlo y acumularlo.

    Eso solo limita nuestra capacidad de generar más riqueza. 

Es la forma típica en la que piensan nuestros abuelos y padres: la de acumular para dejar algo a los suyos cuando se vayan, como propiedades o dinero en cuentas bancarias.

¿Qué me dices del dinero guardado «debajo del colchón»?

  • Yo para el dinero no sirvo, no soy bueno con esto. Eso desecha la idea de que puedas ganar dinero con lo que haces y provoca que dejes tus finanzas en manos de otros: de tus bancos, de tus gestores, y no lo conozcas bien.

    Y ya hemos dicho que tu relación con el dinero debe ser como la relación con tu pareja: ¿si no la conoces bien cómo vas a llegar a buen fin?

  • Vender es malo: tendemos a asociarlo con la manipulación y con intentar convencer a alguien de que se quede algo que no necesita.

    David comenta en el podcast: «Cuando yo descubrí que mi obligación moral, si tengo un buen servicio, algo que puede ayudar a los demás, es venderlo como si no hubiera un mañana, la manera en la que me vinculé con mis prospectos, con mis leads, cambió radicalmente, porque de pronto todo tenía un sentido».

    Cambiar «vender es malo» por «vender es ayudar», puede cambiarte el chip.

Por desgracia, nuestro sistema educativo tiene muchas carencias, y entre ellas, una tan tocha como esta.

O eres un poco curioso y te ocupas tú de leer mucho y formarte en cuanto a todo esto del dinero o no te enteras de qué va el tema.

Y la pena es que tenemos normalizadas tantas situaciones que no deberíamos, como por ejemplo no llegar a fin de mes o tirar comida porque se nos estropea en la nevera, que no somos conscientes de todo lo que podríamos hacer por mejorar nuestras finanzas.

Formas de relacionarte mejor con el dinero

David nos recomienda mirar mucho las cuentas bancarias, revisar los extractos y analizar qué hemos comprado y por qué. Con esta simple acción tomaremos conciencia de cómo usamos nuestros recursos.

Otro ejercicio importante es analizar si te conectas con el dinero desde la ansiedad que da no tener suficientes recursos. 

Quizás te conectas con él desde una supervivencia básica, o sea desde la sensación de estar en peligro. La única forma de paliar eso es descubrir a dónde se está yendo. 

Cuando estudias tus hábitos y detectas patrones, ves si realmente tienes más gastos, o si por el contrario, utilizas más recursos en inversiones (como tu formación o material que pueda hacer crecer tu eficiencia a la hora de dar un servicio o producto). 

Si tienes problemas para detectar qué es cada salida de tu cuenta, piensa que una inversión va a aportarte más dinero a largo plazo, un gasto no.

Es importante saber cómo reaccionamos cuando ganamos o perdemos el dinero. 

¿Cuando lo ganas te sientes culpable?

¿Y cuando lo pierdes sientes terror y pánico?

Dependiendo de tu respuesta, sabrás si tu relación con el dinero está enfocada desde la carencia («tengo que guardar») o si la enfocas desde la abundancia («tengo dinero pero quiero más para permitirme ayudar a más personas, llegar a más gente, impactar de una manera más importante y tener una vida más plena». 

La realidad innegable es que todo el mundo quiere ser feliz.

Eso sí, cuando empezamos a detectar que la dificultad para poner precio a nuestro servicio se intensifica o nace a raíz de que un cliente haya puesto en duda nuestro servicio o nos diga que es caro tienes dos opciones:

  1. Mira bien que quieras seguir trabajando con esa persona. Ten en cuenta que podemos ayudar a mucha gente pero no a todo el mundo.
  2. Si eso te genera una inquietud interna muy grande quiere decir que estás utilizando el precio que has puesto a tu servicio como un sinónimo de tu propia valía y cuando alguien la pone en tela de juicio, se te activan internamente una serie de creencias no resueltas que te hacen sentir poco válido. 

En este caso, David nos recomienda trabajarlo en terapia porque cuando un emprendedor no está bien, él es su propio instrumento, por tanto, el negocio, no va a ir bien.

Conclusión

La entrevista con David Lanzas me dio mucho que pensar y te lo dará también a ti si te atreves a escucharla.

Eso sí, prepárate para el escozor ya que entender que no nadamos en la abundancia porque no creemos merecerla, pica un poquito.

Espero que te sea de ayuda, como siempre.

Ha sido un placer arañarte un poquito el cerebro.

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